Herpetofobia es el miedo irracional, injustificado y persistente a los reptiles. Es una fobia muy común a los animales. La palabra Herpetofobia tiene su origen en «Herp», que significa serpiente o reptil, y en «Phobos», que significa Dios Griego del Miedo. El miedo a los reptiles se combina a menudo con la ophidiofobia, que es específicamente el miedo a las serpientes, pero ambas son bastante diferentes y no deben confundirse entre sí.

Hay un gran número de animales que entran dentro de los temores de la herpetofobia. Los lagartos son los más habituales, pero también están las serpientes, los cocodrilos, las salamandras, las ranas y los sapos, que ya pertenecen al mundo de los anfibios.

Síntomas de miedo a los reptiles

Cualquiera que sea la causa de la herpetofobia, a menudo es un miedo creciente. Al principio, los fóbicos podrían simplemente evitar jardines, zoológicos, bosques o tiendas de mascotas que venden reptiles. Es posible que se niegue a abandonar la casa por completo debido al temor de encontrarse con reptiles. El miedo puede llegar a dominar completamente al individuo, a menudo combinándose con otras fobias. Los síntomas de la herpetofobia son variados y pueden ser físicos o emocionales. Incluyen:

Sacudidas, temblores y sudoración profusa.

Llorar o gritar no sólo a la vista, sino simplemente pensando en los reptiles.

Tener la boca seca, la frecuencia cardíaca acelerada, respirar rápidamente, sentir náuseas, mareos o ganas de huir o escapar.

La visión de un reptil vivo (incluso imágenes en libros o en la pantalla de televisión) puede desencadenar un ataque de pánico total. El comportamiento de evitación es otro síntoma de herpetofobia.

El individuo puede negarse a hacer caminatas, acampar, etc. Incluso puede temer visitar una tienda de mascotas o un zoológico, o puede negarse a ver una película con reptiles.

Como se mencionó anteriormente, la herpetofobia puede progresar lentamente y llevar a varios otros síntomas incluyendo sentir un desapego de la realidad o sentir que uno se está volviendo loco.

Una simple sugerencia de un viaje al zoológico, etc. puede causar llanto, ataques de pánico, temblores, etc.

Por lo tanto, estas personas tienden a estar socialmente retraídas y/o deprimidas.

Causas

La causa de esta fobia no es totalmente conocida, pero tal y como ocurre con arañas y otras criaturas, una posible explicación es que el miedo a los reptiles es producto de la herencia de nuestros antepasados, suponiendo una reacción de miedo a estos seres una ventaja adaptativa al permitir a nuestros antepasados reaccionar rápidamente huyendo de ellos.

Este posible herencia se vería activada por el condicionamiento y el aprendizaje a lo largo de la vida: el conocimiento de personas que han fallecido tras haber sido mordidas por serpientes, envenenados tras tocar a determinados tipos de rana o devoradas por cocodrilos, o el hecho de sufrir algún tipo de ataque por parte de alguna de estas criaturas, facilita el temor hacia ellos.

Asimismo, algunas de sus características, como el elevado número de dientes de un cocodrilo o la fácil visión de los colmillos de una serpiente, pueden por sí mismos resultar inquietantes.

También la cultura tiene un papel en la adquisición de este pánico: tradicionalmente, en Occidente se ha visto a los reptiles como criaturas peligrosas y se les ha dotado de aptitudes y relacionadas con el mal, la intriga, el dolor y el sufrimiento. Incluso si nos fijamos en leyendas y cuentos infantiles, a menudo encontramos con que el obstáculo o peligro a vencer es un dragón o algún tipo de reptil.

 Incluso en la religión: en el Génesis la serpiente es la representación del mal que tienta a Eva a probar la manzana prohibida. Todo esto hace que en occidente la visión de este tipo de animales sea algo que despierta una sensación de peligro en muchos de nosotros.

Por el contrario, en Oriente suelen verse como entes protectores y benevolentes. Por ejemplo, la tradición dice que Buda fue protegido por una naga (semidioses con forma de serpiente gigante), y la imagen de los dragones orientales es la de seres sabios y por lo general benevolentes y poderosos. Ello contribuye a que el nivel de pánico que provocan estos seres, aunque existente ya que el fin y al cabo son seres peligrosos, sea menor.

Evitar la fobia a los reptiles y los anfibios

Aunque pueda parecer complicado de creer, una persona que sufre un problema de herpetofobia en un grado muy alto, pueden llegar incluso a presentar síntomas cuando ven complementos de ropa hechos con la piel de estos animales. Esto hace que les pueda llevar incluso a evitar cualquier tipo de contacto o imagen en la que puedan aparecer estos animales.

Cuando el miedo se tiene a los propios animales no parece muy grave puesto que es poco probable poder encontrarlos, mientra que cuando la fobia trasciende hasta estar presente a la hora de ver un bolso o unos zapatos que imitan la piel de uno de ellos, y esto produce síntomas físicos, esto hace que la vida esté condicionada por la fobia. En este caso es el momento de buscar un tratamiento que pueda solucionar el problema y evitar que la vida pueda estar condicionada por la misma.

Herpetofobia

Tratamiento de la herpetofobia

Pero una vez que estás sufriendo una fobia, lo más importante es encontrar el tratamiento más adecuado y para ello hay que ir al psicólogo, no es algo que puedas hacer por ti mismo o con algún libro de autoayuda. El tratamiento que más éxito tiene para superar las fobias es la Terapia Cognitivo Conductual, que trabaja tanto el pensamiento que desencadena el miedo, como la conducta evitativa que hay que frenar.

Y una técnica muy utilizada en el caso de la zoofobia es la terapia de exposición. Puedes imaginar perfectamente en qué consiste, que es en ir aproximándote gradualmente al estímulo que te genera la ansiedad y comprobar que no pasa nada, que no hay ningún peligro. Pero como decimos, no es algo que puedas hacer por tu cuenta, nunca juegues con tu salud mental y ponte en manos de los mejores profesionales.

En el tratamiento de las fobias juega un papel muy importante la relajación. Técnicas de relajación, ejercicios de respiración, meditación o el famoso mindfulness reducen considerablemente el grado de ansiedad que presentan todas las fobias. Y se pueden acompañar de la práctica del yoga para lograr ese equilibrio entre cuerpo y mente que tanto se necesita en los casos de trastornos emocionales.

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