Querido sobreviviente de las fiestas de fin de año: si quieres que esta vuelta la situación de reunión familiar te sea más llevadera, te recomiendo que estés alerta y prevenido para no caer en reacciones panicosas ni sufras el síndrome del Grinch.

Si en las noches del 24 y del 31 de diciembre ocurren algunas de las situaciones mencionadas en esta lista, mi sano consejo sobre todas las cosas es: «no reacciones». Solamente deja que todo fluya. Lo que resistes, persiste (sabemos que no tienes intenciones de repetir todos los años esas situaciones bochornosas que te incomodan tanto).

  • La aparición de aquel familiar que no ves hace meses o años y que de la nada comienza a indagar sobre tu vida, y con preguntas poco acertadas: ¿ya te casaste?, ¿ya te recibiste? , ¿y los hijos para cuándo? No me casé aun porque quiero conocer a alguien y tener una relación verdadera y consciente, no por el simple gusto de unirme para gestar pequeñas miniaturas humanas que años más tarde van a repetir mis ciclos irresueltos o mi carga transgeneracional. (TOMÁ!) (IN YOUR FACE).
  • La coordinación de planes post cena familiar. Para ellos es un peligro que salgas a la calle porque todos están borrachos y locos. Si supieran que de diciembre a diciembre la gente está así (¡y si supieran como me pongo yo!).
  • El incómodo momento de mirar de reojo el arbolito cuando pasas cerca para ir al baño y no ver ningún regalo con tu nombre, o ver solo un paquete pequeño que seguramente contiene un pañuelo o una prenda interior (un bajón total).
  • Aquellos postres y comidas derretidas por el calor, o deformadas por el trayecto en auto (si lo trajo un pariente). En realidad esa masa uniforme y de extraña textura era un cheescake de arcoíris de frutos del bosque, ¡lo juro!
  • La ingenua pirotecnia de chasqui boom o estrellitas, tan inofensivas pero seguro a un nene se le incendia la cabeza (¿cómo hacen?) o uno se asusta y te llora toda la noche.
  • Tener que seguir el cuento de Santa Claus cuando hay algún infante presente, y ver que las madres te hacen caras de lejos, amenazándote con contar la verdad de toda esta tragicomedia. ¿Habrá algún libro de psicología que trate este tema? «El síndrome de Santa Claus: la primera mentira consensuada en el seno familiar».
  • Replantearte ese día por qué te bautizaron, el porqué del sistema capitalista y sus estrategias de marketing y por qué tu tía insiste en usar un mantel de margaritas en vez de un vestido liso, sin texturas noventeras, en lo posible.
  • El abuelo que llega con la pareja número siete en lo que va del corriente año. Si, esa mujer de casi tu edad seria tu abuelastra, y no hablemos de la nueva mujer de tu padre que podría ser perfectamente tu… ¿hija?
  • (Ítem bizarro) El tío que viene del interior que se emborracha y pierde su dentadura en la mesa. Todo muy gracioso hasta que sospechas que puede tratarse de tu vaso.
  • El quiebre que se genera cuando te pasan a la mesa de los grandes, el antes y el después en el cambio de clanes. En ese momento te sentís como asistiendo a una convención de la ONU, pero cuando pasa el tiempo te das cuenta que quieres urgente volver a jugar.
  • La crisis finmundista del conteo regresivo, disfrazado de festejo. Honestamente creo que mucha gente piensa que se termina el año y que nos va a tragar el cinturón de fotones que vaticinaban para el 2012 junto a los tres días de oscuridad y un meteorito. No señores, el calendario gregoriano (el que actualmente tenemos) es una forma de medir el tiempo establecida por convención (Aclaramos que es mejor el calendario lunar, fluye de forma más natural, pero como la mayoría son humanos, van en contra de la corriente… estúpidos terrícolas).
  • Los programas de televisión y radio de esa noche. No voy a ahondar mucho al respecto, todos, sin excepción, son malísimos (Mi mamá dice que es porque están todos de copa ya).
  • Si estas recién saliendo con una persona o conociéndola (y no está allí presente), el momento pedorro de las 12 en punto, donde te quedas esperando ESE mensaje de WhatsApp de él/ella, en un rincón. Fingiendo una sonrisa a todos esos parientes emocionados que te rodean y que se acercan para darte el cariño que no se animaron a expresar en todo el año. Momento intenso y emocional.

Estas y otras tantas circunstancias pueden ocurrir en tu casa. El clima que se respira para estas fechas nos influye a todos, a veces con nostalgia de los que ya no están, o con alegría por compartir con seres queridos, o con enojo, sin comprender por qué todos actúan sospechosamente distinto a como se venían comportando en el año.Lo mejor es mantener el equilibrio, respirar hondo y recordar que solo es una fecha. Si disfrutas de esto, bienvenido sea, y si no, saber que vos podes transitar esta fase a tu manera, sin confrontar con los demás y guardándote a la calma y a la reflexión.

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