Masaru Emoto

 Masaru Emoto nació en Yokohama en 1943, se graduó en Relaciones Internacionales en el Departamento de Humanidades y Ciencias de la Universidad de esta localidad. Fue Doctor diplomado y licenciado en Medicina Alternativa por la Universidad Internacional Abierta. Se dedicó a la investigación de distintos tipos de agua, tales como el agua en el cuerpo humano, el agua en la vida cotidiana y el agua en la Tierra, desde el aspecto personal humano, más que desde el científico.

Se enfrentó  al misterio del agua después de descubrir el MRA «Analizador de Resonancia Magnética». Realizo múltiples experimentos creativos basados en la creencia de que los cristales de agua reflejan su esencia. De los cuales publico varios libros. Finalmente falleció el 17 de octubre de 2014 en Tokio a la edad de 71 años.

Experimento

En 1994, un científico Japonés, el doctor Masaru Emoto tomó agua del grifo de Japón, cogió unas pocas gotas, las congeló, las examinó al microscopio electrónico y las fotografió.

Luego, a esa misma agua, la puso en unas botellas y con cinta adhesiva le pegó la palabra “Amor”, a otra botella le puso la palabra “Odio”.

A otra botella de agua, la expuso a música clásica, a heavy metal, incluso familias le lanzaron pensamientos positivos. Después congeló cada una de esas muestras y lo que descubrió fue sorprendente.

Las fotografías hechas al agua expuesta a los buenos pensamientos, a la música clásica, mostraban preciosos cristales hexagonales, parecidos a los copos de nieve, cada una de las fotos eran diferentes, unas mostraban formas hermosas, otras no.

Masaru Emoto

Al concluir este experimento llego a la siguiente teoría:

“El pensamiento humano, las palabras, música o etiquetas en los envases, influyen sobre el agua y ésta cambia absolutamente a mejor. Si el agua lo hace, nosotros al ser 70-80% agua, deberíamos comportarnos igual”.

Este experimento, que demostraría que los pensamientos y sentimientos «tienen un efecto directo en las moléculas de agua», tendría su plasmación en el ser humano, en la sociedad o en el medio ambiente, al ser este elemento «la materia más importante».

Impacto de nuestras palabras

Esta experiencia puede llevarnos a pensar en el impacto que nuestras palabras provocan en el receptor cuando las emitimos.

Si tenemos en cuenta que nuestro cuerpo tiene más del 60% de agua y que nuestro cerebro tiene más del 70% de materia acuosa, ¿qué puede pasar en el cerebro cuando insultamos a alguien o la sometemos a presión? por el contrario, qué efecto se produce en cada molécula de agua que tenemos en nuestro organismo cuando le decimos a alguien palabras como “te quiero”, “te aprecio”, “me gusta lo que has hecho”…

¿Cómo crees que se colocan las moléculas de agua en tu interior cuando recibes una ofensa?

¿Cómo crees que se alinean las moléculas de agua de una persona a la que halagas su forma de actuar y das las gracias?

Algo de química hay en todo esto que se mezcla con la parte emocional ¿o quizá es la emoción la que nos modifica la química?

En todo caso, una palabra amable siembra mucho más que una ofensa, ademas la forma de los cristales de agua son más bonitos y aunque solo fuera por esto vale la pena hablar de forma positiva.

Es evidente que la forma que tenemos de comunicarnos con los demás, influye mucho en la forma de trato que nos devuelve.

Influencia en la autoestima

El lenguaje que utilizamos tiene una gran fuerza, incluso determinante, en nuestra mente. Las palabras, forjan nuestra personalidad, nuestra memoria y nuestra capacidad de ver el mundo. El poder de las palabras en la autoestima de los niños, y también de los adultos, es enorme. Cada frase deja huella en el cerebro y determina la forma de actuar y sentirse, aun inconscientemente.

Por lo tanto se puede aprovechar positivamente el poder de las palabras sobre la autoestima de manera que el lenguaje que utilicemos los haga sentir queridos, capaces e importantes.

Ejercicio propuesto

Uno de los ejercicios que recomienda practicar es tomar tres vasos de agua al día: uno en la mañana al despertar, uno a mitad del día y el último antes de acostarse. La idea es que en los dos extremos  -mañana y noche- tome agua pensando en gratitud. Por ejemplo, antes de tomar agradecer por algo. Y al medio día el concepto es amor.

Según esta teoría, con este simple ejercicio y con el pensamiento positivo, mejorará su interior y cambiará la composición propia del agua desde afuera hacia adentro.

Si bien no es aceptado por la ciencia tradicional, el proceso está plenamente vigente en gran parte del mundo.

Un enfoque más global

Si bien al comenzar el artículo partimos de un experimento que hizo el Dr Masaru Emoto, en el cual pudo comprobar que el agua reacciona a las palabras y sentimientos que le transmitimos.

Sin duda, el mismo no queda allí es el trampolín para el descubrimiento de algo más grande. Debemos entender que con nuestras palabras y sentimientos podemos afectar a otros, así sea sin querer.

Esto trae complicaciones mayores ya que cuando se trata de niños, el poder de la palabra puede ser aún mayor. Debido a que por su corta edad, no cuentan con la experiencia, de los mecanismos que utilizamos los adultos para evadir lo que nos duele o nos hace sentir mal.

Debido a esto como indicamos anteriormente puede tener una gran repercusión en su autoestima. E irremediablemente en sus acciones y en todo lo que le rodea. No solamente afectando a su entorno sino a la sociedad misma.

Si no concientizamos las cosas que decimos y los pensamientos que enviamos a los que nos rodean jamás tendremos un mundo pacífico y en armonía. Aunque no lo veamos todo esta enlazado somos un sistema uno es parte de todos, y todos son parte de uno.

Cuando comprendamos y tomemos acciones para revertir las cosas que hemos realizado mal, tendremos el mundo que queremos. Ojala sea pronto. ¡Hasta la aproxima!.

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