Cualquier cosa que valga la pena siempre generará algo de terror en nosotros. Por ejemplo, tener un bebé, casarse, cambiar de carrera; todos estos cambios en la vida pueden traer temores profundos. Pero se trata de un tipo de miedo bueno, sano. Es nuestra manera de cuestionar si realmente queremos la nueva vida que traerá estos cambios. También es un potente recordatorio de que liberar el pasado es una parte necesaria para pasar a lo nuevo.
El miedo nos desordena, haciendo que nos sintamos inseguros, pero no por eso debemos desanimarnos. Su propósito es notificarnos que estamos al borde de nuestra zona de confort, situada entre la vida antigua y una nueva. Cuando enfrentamos nuestro miedo, superamos un obstáculo interior y nos movemos hacia un territorio nuevo y que mejora la vida, tanto adentro como afuera. Cuanto más aprendamos a respetar e incluso a recibir el temor, más podremos escuchar su sabiduría, que nos permitirá saber que ha llegado el momento de avanzar, o no. Podemos aprender a honrar nuestro miedo, reconociendo su llegada, escuchando su inteligencia y respetándola como un presagio de la transformación. De hecho, nos informa que el cambio que estamos contemplando es significativo, permitiéndonos abordarlo con la debida reverencia.
Es posible que desee conversar con tu miedo, con la plomería de sus profundidades para una mayor comprensión del cambio que está llegando. Usted podría hacer esto por medio de la meditación y la escucha. Escribir lo que sea que surja – sus preocupaciones, su tristeza, su entusiasmo, sus esperanzas – es también una gran manera de aprender sobre sí mismo a través del vehículo del miedo y recordar que el miedo casi siempre viene junto a algo que vale la pena hacer.

«El miedo es natural en el prudente, y el saberlo vencer es ser valiente». Alonso de Ercilla y Zúñiga.
